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POESÍA

poetry

Página actualizada el 1 de abril de 2026

La lógica del árbol... Romera

Miserable Vejez. Villena.

Poeta en Milán.Eielson.

Inusual hondura. 

FERNANDO ROMERA.
La lógica del árbol que albergó a las aves.
La jungla de las letras, 2024. 14,50 euros

Inusual hondura.

Sobre el último libro de Fernando Romera

Un libro singular, de estructura y matices poco acostumbrados. Primero por la factura externa: delicado y mínimo el formato que contrasta con título tan largo. La lógica del árbol que albergó a las aves. También por los matices tan ricos, de amplia sabiduría poética, por su profundidad en un tiempo en el que predomina el verso fácil y rápido. Y, finamente, y no menos convincente, porque nos encontramos ante un poeta de escritura lenta, a quien no le hace falta presentar una novedad cada año para que su obra tenga una coherencia expresa. En efecto, su anterior libro, Cuarenta poemas, en la desaparecida colección Falsirena, data de 2011.

Un libro especialmente simbólico en su concepción y en las imágenes que llenan los poemas. La permanencia del árbol, la fugacidad de los pájaros, la vida. Cuatro partes que componen, y el autor no lo oculta, una estructura de raigambre musical. Normalmente un título no dos dice nada de la verdad o profundidad de lo que se encuentra dentro. No es este el caso en el libro de Fernando Romera. Porque hay aquí sí un sentido que se desvela en la lectura, lo cual demuestra que es un libro medido, trabajado y aquilatado. “Albergó” se enuncia en un pasado, que limita todo presente. El árbol, como objeto, sigue ahí. Pero son las aves las que no vuelven, casi como en esa escena final de La gran belleza donde un personaje secundario muestra el próximo vuelo de las grandes aves.

Decía Emily Dickinson:
Estos son los días en que los pájaros vuelven
Muy pocos - un pájaro o dos -
a echar una última mirada atrás


Y es que, en efecto, este es un libro del que pueden hacerse varias lecturas y una primera sería esta: la mirada hacia atrás. Ya el título, como señaló antes, tiene esa antítesis entre la presencia y permanencia y la ausencia y finitud. Digamos, ya lo señalé al comienzo, que es un libro a la contra, que es el sitio donde hay que estar. Llevamos años de poesía fácil. Pero este libro no es difícil en la oscuridad intencionada, aquella que practicaron los poetas culteranos, los poetas herméticos italianos, los pseudo místicos de nuestro tiempo. Lo es porque en los últimos años se ha ido perdiendo la verdad de un libro coherente, estructurado, uniforme. La incorrección poética de Fernando Romera se muestra no solo en el título sino en esta declarada unidad de los poemas. No existe aquí intención de vanguardia: casi un poema por página. Todos los textos van titulados y la estructura del poemario se articula casi a modo de sinfonía: la música callada es casi epigonal, funeraria intencionadamente culta. Ahora que buena parte de los españoles han descubierto por Rosalía que se puede orquestar y que existe algo que se llama música culta, Romera nos presenta un libro sinfónico. Cuatro partes. Más larga la primera, más breve la segunda, que correspondería al andante o al adagio. No es un capricho del autor. Las referencias a compositores, como Arvo Part, o el inglés Taverner están presentes. Ambos son autores de misas solemnes, misas de Requiem.

¿Y por qué, siguiendo con el hilo, estos pájaros no vuelven? Quizá porque son solo un símbolo, porque son transmisores de un mensaje que nosotros, los terrestres, humanos y mortales, debemos interpretar. La creencia de que el vuelo de los pájaros es una suerte de escritura es una metáfora conocida entre muchos de los grandes poetas (Claudio, Valente, por ejemplo). Pero ese misterio insondable de la escritura de los pájaros es el que ha quedado de su paso fugaz, y el que se materializa en el propio libro:

Trato de perseguir su vuelo con el lápiz
de la memoria y sigo con el dedo
los morfemas del viento, el silabeo
traducido a mi idioma por los pájaros.
La muerte es solo un signo hasta que llega,
dicen en su ideograma. Luego emigran.


Vamos comprendiendo que esta sonata o sinfonía, esta sucesión de poemas con los que tratamos de comprender nuestro mundo exterior es en realidad una misa de Requiem, un delicado canto funeral. Pido a los lectores, a los que compren el libro, a los gusten de paladearlo, que lean dos o más veces la segunda parte del libro, esa que precisamente yo destacaba por ser la más breve. Lo es, porque es posible que al poeta le haya costado mucho más enhebrar de una manera sentida pero contenida sus sentimientos en esa parte. Porque llega un momento en el que las palabras se quedan muy cortas y caer en la misericordia fácil no sería digno de un poeta consciente de su “mester”. “Vestir al padre” es probablemente uno de los poemas mas conmovedores que he podido leer últimamente, así como la escasa media docena de poemas que acompañan a este texto. Los objetos, que por obra y gracia de la metonimia, se han quedado sin vida, sin razón de ser, desdibujados, desvalidos. Es inevitable, como en el título, usar los tiempos del pasado: “Hubo una vida”. “Siempre estuve contigo. Siempre estuve”.

Fernando Romera ha escrito un libro tejido por las hilaturas de las ausencias cercanas, pleno de costuras literarias de quien ha leído bien y ha asimilado. Libro de inusual hondura que encaja muy bien en este delicado formato de una editorial que hace las cosas bien, con discreción, gusto y estilo. 


David Ferrer. 

ÚLTIMAS PALABRAS

Vitrifica un aliento, como cuando 
el hielo de la noche hace un jardín
en los cristales. Formas que han nacido
de apenas el misterio de lo oscuro
y de la inclemencia. Pero el vapor
ya estaba ahí, desde un pulmón ignoto.
Solo hizo falta el frío, el que aún
nos ahoga de fondo, la materia
de la que estamos hechos como escarcha
para permanecer siempre.

Fernando Romera, La lógica del árbol... página 31

Poeta en Milán.

JORGE EDUARDO EIELSON.
POETA EN MILÁN.

Visor poesía, 2024. 14 euros

Milanés, ma non troppo

Apenas se tenían referencias en España del poeta peruano Jorge Eduardo Eielson: hacia 2005 Pre-textos publicó un par de títulos. Después, tras su muerte en Milán en 2006, su obra apenas ha sido reconocida por aquí. La publicación en 2024 por parte de Visor del llamativo título Poeta en Milán, en cuidada selección y ordenación de Martha L. Canfield, ha puesto ante los lectores de poesía a un autor sorprendente y cuya vida se aleja de los parámetros característicos de la poesía latinoamericana. El título, algo equívoco, alude a los últimos años del poeta, donde publicó casi de manera clandestina algunas de las obras que precisamente se reúnen en este volumen. Apenas existen en sus textos alusiones a la ciudad lombarda por lo que el lector interesado en aspectos biográficos no encontrará indicios de su paso por esta gran urbe. Allí convivió con Michele Mulas, otra artista interdisciplinar y avanzada a su tiempo.

Escribe Eielson sus poemas con voluntad de orfebre si bien no abandona nunca la línea algo experimental que recorre la poesía latinoamericana de la segunda mitad del siglo. Sus poemas no se justifican a la izquierda sino que mantiene una justificación tipográfica central que aporta mucha intensidad a algunos de sus versos, a algunas de sus palabras precisas: “Vivo felizmente / Mi santísimo minuto / Corro todo el día / En jeans y camisa sudada / Abrazando a mis hermanos”. En una ciudad grande, inhóspita como es el Milán de los años noventa y de principios de siglo, el poeta busca resquicios de amor, de belleza y de calma. Y a ello dedica la mayoría de sus poemas. El urbanismo, el tráfico o la velocidad milanesa apenas impregna sus textos. “Voy entre edificios vacíos / Calles repletas de nada”.

Convivió Eielson en la misma ciudad que otra poeta de la soledad y del desamparo, la ahora célebre Aida Merini. No existen, sin embargo, indicios de conocimiento mutuo ni parece que la rica poesía italiana de los últimos cuarenta años hayan impregnado la obra del autor peruano. La temática de las ciudades inmisericordes, capitalistas, rompedoras de inocencias, un género que inauguró Lorca en su texto sobre Nueva York, aparece ocasionalmente aquí: “Los hombres de negocios no respiran / No sollozan, no conocen / Las magnolias. A duras penas orinan / Y defecan cuando pueden. Tampoco / Aman ni ninguno y ninguno / Los ama”. Pero hay, sin embargo, muchas cosas que adorar, amar, celebrar: los recuerdos del país natal, la obra artística (De Van Gogh a Tápies), los autores afines (como Octavio Paz)…

La obra de Jorge Eduardo Eielson crea en el lector una sensación de extrañeza y destierro. Sorpresa por su concepción tipográfica, por sus imágenes atrevidas ligeramente surrealistas y por las circunstancias biográficas de un autor que vivía fuera de su mundo y quizá de su tiempo. Poeta en Milán, en la ya enorme colección Visor de poesía, es todo un hallazgo literario.



David Ferrer. 

Arboladura. Libros y gestión cultural.

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